Me estreno en este espacio con un escrito- reflexión que publiqué en una revista local de Mérida (Voz Emérita) que, como no, ya desapareció con la crisis. El escrito es de Octubre del 2008 cuando "todo esto" estaba empezando:
Casi todos
hemos dicho alguna vez o al menos hemos oído aquello de “ La experiencia es un maestro muy caro”. Nada como el vivirlo en primera persona nos
sirve para aprender algo.
Ese casi paradigma popular,
aunque, como no, puesto en entredicho por muchos “pensadores”,
casi todos lo aceptamos
como una gran verdad y no menos cierto es
aquello de “los tropiezos son lo mejor para llegar al buen andar”.
En otras palabras
son la experiencias mas dolorosas y duras de las que mas aprendemos.
Esta actitud inmersa en lo mas profundo de las “personas
de a pie”, resulta bastante evidente en el devenir de lo pueblos y
civilizaciones que conocemos a través de la historia..
El gran paso adelante que supuso el Renacimiento para la
cultura, ciencia, arte, filosofía, pensamiento y estructura social, resultó
decisivo para la llegada del Mundo Moderno del que todavía somos herederos en
gran parte de los valores de la actual
sociedad occidental.
La paradoja es que este maravilloso florecimiento se
llevo a cabo en un entorno
aparentemente poco favorable,
guerras interminables como la los “cien años”, la peste que se había llevado por delante a uno de
cada tres europeos, hambrunas, crisis del feudalismo, estructura social durante
casi un milenio, la corrupción escandalosa de la jerarquía de la Iglesia, única depositaria de la moral
y el conocimiento y que resultó el
detonante de la Reforma y el
Misticismo, son solo algunas de las experiencias que les toco vivir a
los europeos en este “brillante
periodo” de nuestra historia.
Estas “crisis profundas” han sido en otros muchos casos
el detonante de importantes avances para la humanidad, cuando en contra, de los
diversos y siempre conservadores sectores del poder, la sociedad apostó por “renovarse o morir”.
Creo que el clima de pesimismo que a nuestra
privilegiada sociedad actual le provoca la actual crisis financiera, que no de la
economía real, y fruto de las desmesuradas acciones a que lleva la
avaricia de unos pocos “señores
del dinero”, podría ser motivo de
reflexión para una sociedad como en la que vivimos basada en unos valores
difícilmente sostenibles a medio
y no digamos a largo plazo.
Como siempre los “grandes responsables “ se aferran a mantener lo viejo como la mejor manera de conservar sus privilegios.
Si queremos un mundo mejor para todos, hay que buscar alternativas que desde luego no podemos esperar de las
actuales estructuras que rigen la “aldea
global del dinero, que no de las personas”
Este aprender del sufrimiento tan evidente en lo social
resulta casi siempre igual de valido
para la vida individual.
El ser capaces de ver tras la maraña que suponen obstáculos y sufrimientos que alguna, o muchas veces, la
vida nos depara, suponen también “señales” que nos pueden servir
para replantearnos la vida que hasta ese momento hemos llevado y que en lo mas
profundo sentimos como algo que se nos ha dado y de la que rara vez somos “protagonistas”.
Enfermedades como el cáncer, muertes inesperadas,
desengaños sentimentales, problemas económicos que cuestionan nuestro rutinario
vivir, son no pocas veces el acicate que
muchos han necesitado para buscarse a si mismos,
que es la mejor manera de
encontrarnos con los demás, y valorar de forma algo mas lucida lo que realmente
queremos para nuestras vidas, cómodas y rutinarias pero casi siempre marcadas
por la infelicidad y el vacío interior. Ese camino es de “cada uno” pero la mayor parte de los que lo
emprenden dicen que
aunque duro si se tiene constancia, realmente“
merece la pena”.
Lorenzo de Lemus
Merida a 12 de Octubre de 2008
La Guerra del fútbol
ResponderEliminarComienzo confesando que me considero un buen aficionado al deporte, y de entre ellos el fútbol es sin duda mi favorito, con ello es fácil deducir que he seguido con interés el pasado mundial y especialmente a la selección española que por su juego ha sido justa merecedora del triunfo.
Ahora que la fiebre de la epopeya de “la roja” empieza a bajar un poco el tono, vuelvo a reflexionar sobre el papel que el deporte en general y el fútbol en particular juega en la sociedad actual.
Resulta cuando menos curioso las alusiones y semejanzas que nuestros políticos hacen al fútbol y el “futbolerismo” en sus declaraciones y opiniones. Supongo que en gran parte se debe a que el lenguaje de el “deporte rey” es fácil de entender por casi todos, y resulta muy socorrido para conseguir que llegue de forma clara a la gran mayoría de los ciudadanos. Utilizar el contraataque, tener una actitud defensiva o estar en fuera de juego, son expresiones muy socorridas para llegar a una gran parte de la gente, que es de lo que se trata.
Cuando se está familiarizado con el lenguaje del periodismo deportivo es fácil apreciar la frecuencia con la que se usa la terminología bélica en los mas variados medios: estrategia y táctica, ataque y defensa, marcar o “secar” a los jugadores claves del “enemigo”, luchar, “ir a muerte”, juego subterráneo, son solo algunos ejemplos que están cada día en los “mentideros” y medios de comunicación cuando del fútbol se trata.
La intolerancia con las decisiones del juez (arbitro) de la “contienda” cuando son contrarias al equipo propio y la comprensión cuando son a favor, es otra muestra mas del “fairplay” que se supone debe presidir este deporte entre caballeros.
Pero, tras este pequeño repaso sobre el lenguaje y las actitudes con respecto al juego, creo aun mas interesante la utilización que de los resultados, sobre todo cuando son buenos, se hace desde los mas diversos ámbitos económicos, sociales y políticos.
Que el hecho de estar en primera o tercera división sea un baremo para valorar la población a la que pertenece el equipo; que haya equipos que se identifiquen con una nacionalidad y otros que lo sean con el poder central, o que ser campeón del mundo o quedar eliminado en la primera fase sea trascendental para al país al que representa la selección, resulta cuando menos sorprendente, especialmente cuando muchas de los grupos sociales a los que pretendidamente representan se enfrentan a problemas que en muchos casos pueden ser de supervivencia.
Cuando uno se para a observar con un poco de distancia este fenómeno social, que aceptamos como “normal”, puede llegar a explicarse hechos históricos como el que el gran maestro del periodismo Ryszard Capucinski nos relata en su libro “La Guerra del fútbol”, en el que recoge la crónica de los cinco días de cruentas luchas y saqueos entre Honduras y El Salvador, dos de los países mas pobres del planeta, y que se produjeron con el aparente motivo de una serie de partidos de fútbol entre las selecciones de ambos que buscaban clasificarse para la Copa del Mundo.
Lorenzo de Lemus